Cómo meditar en casa: guía corta para empezar
Un palito de incienso arde a un ritmo parejo. Eso lo convirtió en reloj mucho antes de que fuera decoración.
En China se usaba incienso para medir el tiempo desde alrededor del siglo VI, y para la dinastía Song ya existían relojes de incienso hechos a propósito: recipientes con la varita o el polvo calibrados a una velocidad de quema conocida. Japón adoptó el método en la segunda mitad del siglo VIII y lo refinó con el jokoban, una tabla con un lecho de ceniza de madera cernida fina para que la quema fuera más pareja. En los templos servía para marcar las horas de rezo y de meditación. Los monjes medían con una varita cuánto duraba la sesión de zazen.
Ahí está el método completo, y sigue sirviendo igual.
The method: one stick, one session
Prendes una varita, te sientas, y terminas cuando se apaga. No hay que mirar la hora ni poner alarma. El humo hace de cuenta regresiva sin que tengas que pensar en él.
Lo primero que conviene hacer es cronometrar tu propia varita una vez. Las marcas y los grosores varían, así que enciende una suelta, mírala, y anota cuánto duró. Ese número es tu sesión de ahí en adelante. Si te sale muy larga para empezar, parte la varita por la mitad.
El incienso Ispalla trae 10 varitas por caja, con base 100% palo santo. Diez sesiones por caja, a varita por vez.
Dónde se pone
La varita necesita quedar sostenida en ángulo y con algo que recoja la ceniza, porque cae completa y caliente. Un porta incienso de madera con canal larga hace las dos cosas: la sostiene y recoge la ceniza a lo largo, así la mesa o el escritorio quedan limpios.
Ponlo fuera del paso y lejos de cortinas, papel o cualquier cosa flamable. Deja una ventana entreabierta: con el aire moviéndose para que el humo circule en vez de quedarse cargado en el espacio.
How to sit
No hace falta silla especial ni cojín de meditación. Sirve el borde de una silla común, con los pies planos en el piso, o sentado en el piso sobre un cojín de la casa que te levante un poco las caderas.
Tres cosas y ya:
- Espalda: derecha pero no tiesa. La imagen que se usa es la de una cuerda que te hala suave desde la coronilla.
- Hands: en los muslos o una encima de la otra en la falda. Que se queden ahí toda la sesión.
- Ojos: cerrados, o entreabiertos mirando el piso a un metro y medio. Lo segundo cuesta menos si te da sueño.
Qué se hace durante la sesión
Se cuenta la respiración. Inhalas, exhalas, cuentas uno. Otra vez, dos. Así hasta diez y vuelves a empezar en uno.
Vas a perder la cuenta. Vas a llegar al siete y darte cuenta de que llevas rato pensando en otra cosa. Eso no es fallar la meditación, eso es la meditación: el momento en que te das cuenta y vuelves al uno es el ejercicio completo. Pasa cincuenta veces en una sesión y la sesión estuvo bien hecha.
Por eso el reloj de incienso funciona mejor que la alarma del celular. El celular te tienta a mirarlo, y mirarlo te saca. La varita la ves de reojo o ni la ves, y cuando el olor baja ya sabes que terminaste.
Something to hold
Sostener algo en la mano le da a la atención un segundo punto fijo. El peso está ahí todo el rato, así que cuando la cabeza se va, hay dos sitios a los que volver en vez de uno.
Las palm stones de amatista son del tamaño justo para cerrar la mano: lisas, planas, con algo de peso. Cada una sale distinta en tono porque se cortan de piedra natural. A la amatista tradicionalmente se le ha asociado con la calma y la claridad.
Si prefieres empezar sin nada en la mano, también está bien. El objeto es opcional; la respiración no.
Cada cuánto
Corto y seguido rinde más que largo y de vez en cuando. Una varita al día, a la misma hora, pega el hábito más rápido que una sesión de media hora los domingos.
La hora que mejor funciona suele ser la que ya tiene un ancla: antes del café, al llegar del trabajo, o lo último antes de acostarte. Se pega a algo que ya haces todos los días y deja de depender de que te acuerdes.
Si prefieres sin varita
El palo santo en madera funciona distinto: se prende la punta, se apaga la llama y humea unos segundos, no una sesión entera. Sirve para marcar el arranque, no para medir el tiempo. Se pasa por el cuarto, no por el cuerpo.
La versión corta
- Vigila cuánto se tarda una varita en quemar una vez. Ese es el largo de tu sesión.
- Ponla en un porta incienso, lejos de cosas que puedan coger fuego.
- Siéntate derecho, manos quietas.
- Cuenta respiraciones del uno al diez y vuelve a empezar.
- Cuando pierdas la cuenta, vuelve al uno. Esa parte es el ejercicio.
- Cuando se apague el incienso, terminaste.
Producto aromático y decorativo; no se le atribuye ningún beneficio médico ni terapéutico. Nunca dejes incienso encendido sin supervisión.